Turquía ofrece a los visitantes experiencias maravillosas, vinculadas con la historia, la fe y sus bellezas naturales. Cerca de la ciudad de Kuşadasi, en Éfeso, está uno de estos lugares: la casa donde se asegura que vivió la virgen María luego de la crucifixión de Jesús, que se puede visitar en una excursión que incluye el parque arqueológico y un paso por fábricas de alfombras y prendas de cuero de alta calidad.
Amo Viajar realizó este recorrido de cuatro horas comenzando desde el puerto de Kuşadasi y tras un breve trayecto que permite admirar el paisaje de la zona, se llega al primer punto: la casa de la Virgen. Este sitio lleno de paz y espiritualidad es una lugar pequeño donde una combinación de testimonios antiguos, visiones místicas y tradición lo han convertido en un punto muy visitado e imperdible para los viajeros.
La historia del lugar es fascinante. En el siglo XIX, la monja agustina alemana Anna Katharina Emmerick (1774–1824), dijo haber tenido visiones místicas muy detalladas sobre la vida de Jesús, María y los primeros cristianos. En sus visiones, describió con mucha precisión una casa de piedra, en una colina, rodeada de naturaleza, cerca de Éfeso, donde María habría vivido hasta su asunción, de acuerdo con la fe católica.
Es un lugar sencillo, de piedra, pequeño pero profundamente conmovedor. Afuera, hay una fuente de agua bendita que muchos consideran milagrosa y un muro donde los visitantes dejan miles de papelitos con deseos y oraciones. Este ambiente está acompañado por el constante ruido de las cigarras, también común en otras partes de Turquía.

Sus revelaciones fueron transcritas por el poeta alemán Clemens Brentano, y publicadas años después. En 1891, siguiendo las descripciones de Emmerick, un grupo de sacerdotes y arqueólogos franceses exploró las colinas cercanas a Éfeso y, sorprendentemente, encontraron una casa de piedra en ruinas muy similar a la descrita en las visiones.
Investigaciones arqueológicas determinaron que la construcción era de origen bizantino temprano (siglo VI), pero con una base más antigua (posiblemente del siglo I), lo que coincide con la época en la que vivió María. Desde entonces, el sitio fue restaurado y convertido en lugar de peregrinación, especialmente por cristianos, aunque también asisten musulmanes. La Iglesia Católica nunca ha proclamado oficialmente que allí vivió María, pero el lugar fue declarado sitio sagrado y ha recibido la visita de varios papas.



El interior de la vivienda no se puede filmar y a la salida hay lugres para comprar souvenirs con imágenes de la virgen, algunos de ellos con agua bendita tomada directamente de la fuente que está en ese sitio. También hay una imagen de la virgen que está en la ruta hacia el lugar.
A poca distancia está la ciudad antigua de Éfeso. Cuando se recorre se camina por las calles de mármol, así que las primeras instrucciones de los guías es andar con cuidado por el riesgo de resbalar y caer.
Éfeso fue una de las ciudades más grandes, ricas y cosmopolitas de la Antigüedad clásica, comparable en su época de esplendor con Atenas, Alejandría o Roma. Cuando el visitante llega y le relatan que fue una ciudad portuaria, surge un curioso dato geográfico. Es que el mar se alejó con el paso de los años. La costa se fue retirando con la sedimentando y quedó a unos cinco kilómetros del mar.
Los guías relatan a los visitantes que lo que se ve es un porcentaje muy pequeño de los arqueólogos han descubierto, porque hay mucho más trabajo por hacer para buscar y descubrir, una tarea costosa de encarar. Hay un tramo aparte techado y amurallado artificialmente donde se puede ver cómo vivían, que forma parte de una excursión diferente con un valor de 60 euros y se debe pagar por separado a la entrada al parque arqueológico que es de 40 euros.
La joya de Éfeso era el templo de Artemisa, del cual se puede verse una columna, lo único que logró sobrevivir al paso del tiempo y constantes destrucciones y reconstrucciones. Era más grande que el Partenón de Atenas y tenía 127 columnas de más de 18 metros de altura.



Otro atractivo del parque arqueológico es la Biblioteca de Celso, otro de los íconos del mundo antiguo. Fue construida en el año 117 d.C. en honor al senador Tiberio Julio Celso Polemeano y llegó a contener más de 12.000 pergaminos.
Su fachada de dos pisos fue cuidadosamente restaurada y es una de las más fotografiadas del mundo arqueológico. Debajo del edificio estaba la tumba del propio Celso.
El parque arqueológico se puede visitar tanto de día como de noche y la experiencia de verlo iluminado es otro de los imperdibles. Allí está también el teatro, un gigantesco espacio que tenía capacidad para 25.000 personas y donde se dice que predicó San Pablo.

Otra parte de la excursión es la visita a una cooperativa de mujeres que tejen alfombras a mano. Allí se puede ver el arte en acción porque se ve a las trabajadoras confeccionando auténticas obras de arte que llevan hasta seis meses en terminar.
Utilizan lana, algodón y seda natural, y cada diseño es único, con símbolos que representan deseos de fertilidad, protección, amor y abundancia. Al visitante lo reciben con un té de manzana y ofrecen un muestrario donde se pueden ver los modelos. Además, la atención muy amable es en español. Una de estas alfombras tiene un valor de hasta 6 mil dólares.


La visita incluye una explicación de cómo se elaboran las alfombras, responden preguntas y hay lugar para almorzar.
Otra fábrica que se visita recibe al visitante con un desfile de moda, donde se muestran prendas de cuero de alta gama. Sus productos abastecen a primeras marcas de lujo. Es un cuero que se distingue por su calidad y se nota el excelente trabajo que hacen.
Un imperdible de regreso al puerto es un mercadito de productos típicos con dulces y múltiples opciones de medicina natural, como una perla que parece un pedazo de sal que al colocarlo en agua caliente sirve para descongestionar. También hay otros productos para la psoriasis, para crecer el cabello y otros beneficios.
