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Viajar con un perro por Sudamérica: la historia de Pato y Tacho en la ruta hacia Ushuaia

Lo que comenzó como una serie de paseos para que un cachorro gastara energía terminó transformándose en una expedición de casi dos años por América Latina.

Foto: @patoramz_

Viajar con una mascota puede parecer un desafío logístico, pero para Pato y su perro Tacho se convirtió en un estilo de vida. Lo que comenzó como una serie de paseos para que un cachorro gastara energía terminó transformándose en una expedición de casi dos años por América Latina, un recorrido de 13 países que concluyó en Ushuaia, el extremo sur de la Patagonia argentina.

La historia nació de una necesidad cotidiana. Tacho, un weimaraner inquieto, requería cada vez más actividad física. Sin imaginarlo, aquellas caminatas fueron evolucionando hacia excursiones, campamentos y viajes que despertaron en ambos una pasión por descubrir nuevos paisajes.

«Muchos creen que yo le enseñé el mundo a Tacho, pero realmente él me lo enseñó a mí. Todo empezó porque tenía un cachorro hiperactivo que necesitaba salir más. Lo que eran paseos terminó convirtiéndose en excursiones y después en viajes cada vez más grandes, hasta que entendí que quería dedicar mi vida a recorrer lugares con él», recuerda Pato.

Antes de pensar en cruzar fronteras, el viajero tenía un objetivo claro: conocer a fondo su propio país. Renunció a su empleo en una agencia de publicidad para emprender un recorrido por los 32 estados de México, documentando la riqueza natural y cultural del territorio a través de fotografías y videos.

«Yo no quería salir a otro país antes de realmente terminar de conocer el mío. Quería compartir las bellezas naturales de México y descubrir lugares que muchas veces ni nosotros mismos conocemos. Después de tres años entendí que era imposible terminar de conocer un país tan grande, pero al menos había cumplido con recorrer sus 32 estados», explica.

Con esa experiencia detrás, el siguiente sueño surgió casi de manera natural: recorrer el continente por carretera hasta llegar a la Patagonia. El plan contemplaba detenerse en cada país para registrar sus paisajes, siempre con Tacho como compañero inseparable.

Sin embargo, la aventura implicaba mucho más que conducir miles de kilómetros. La planificación exigía resolver trámites sanitarios para el ingreso del perro, investigar requisitos migratorios, encontrar alojamientos pet friendly y adaptarse a las particularidades de cada destino.

Foto: @patoramz_

«En el papel parecía sencillo, pero cuando empiezas a investigar descubres la cantidad de trámites que existen. Aun así decidimos salir. Agarro mi carro, trepo al Tacho y vámonos. Si seguíamos esperando el momento perfecto, nunca lo íbamos a hacer», cuenta el aventurero.

Los desafíos aparecieron prácticamente en cada frontera. Cada país tenía normas distintas para el ingreso de mascotas y también cambiaban las opciones de alimentación y hospedaje. Sin embargo, esas dificultades terminaron siendo compensadas por la hospitalidad que encontraron durante el camino.

El recorrido se extendió durante 644 días y atravesó 13 países, acumulando miles de kilómetros de carretera. En el trayecto visitaron escenarios naturales tan diversos como el Chimborazo, el Nevado del Tolima, el archipiélago de San Blas y numerosos parques nacionales hasta alcanzar Ushuaia, la ciudad más austral del mundo.

Más allá de las cifras, Pato asegura que el mayor aprendizaje fue descubrir que viajar acompañado por un perro también cambia la forma de relacionarse con los lugares y las personas.

Con información de Revista Travesías

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