Hay decisiones que cambian un viaje y otras que cambian una vida. Pamela y Juan eligieron ambas. Hace ocho años dejaron sus trabajos en relación de dependencia, transformaron una antigua Volkswagen Kombi en su casa rodante y comenzaron un recorrido por el continente que ya supera los 82.000 kilómetros y 17 países.
Su próximo gran objetivo era Alaska. Sin embargo, cuando el Mundial 2026 apareció en el calendario, decidieron cambiar la hoja de ruta.
«Alaska queda allá, no se va a mover. El Mundial era una gran oportunidad y además extrañábamos muchísimo al pueblo argentino porque hace cinco años que no pisamos el país«, contaron durante una entrevista con Amo Viajar.
Un volantazo que les cambió la vida
Antes de emprender la aventura, ambos llevaban una vida muy diferente.
«Éramos dos personas que trabajábamos en oficina bajo relación de dependencia, como la mayoría de quienes sostenemos una vida tradicional«, recordó Pamela.
Con el paso del tiempo sintieron que esa rutina ya no los representaba.
«Era una vida bastante desgastante. Entonces surgió la idea del viaje… ¡Qué volantazo a la vida!«
Así nació Respira el Momento, un proyecto que no solo documenta el recorrido, sino que invita a otras personas a animarse a cambiar de ritmo.
«Nuestro proyecto lo llamamos ‘Respira el Momento’ para que quienes nos siguen puedan sentirse parte de esta forma de vivir viajando.«
¿Qué significa ser libres?
Después de casi una década sobre ruedas, la pareja asegura que la mayor conquista no fue llegar a un destino sino recuperar el tiempo.
«La libertad la encontramos en las decisiones que vamos tomando, en poder tener nuestro tiempo al cien por ciento a nuestra disposición.«
Cuando miran un mapa ya no ven fronteras.
«A veces uno mira el mapa y se da cuenta de todo lo que vino atrás. Alguien menciona un país y automáticamente empezamos a recordar todo lo que vivimos allí.«
Cómo se financia una vida viajando
Una de las preguntas que más reciben tiene que ver con el dinero.
La respuesta es sencilla: trabajan mientras viajan.
«Este viaje se sustenta trabajando. Nosotros inventamos una palabra que lo resume muy bien: ‘trabiajando’.«
Pamela descubrió una nueva pasión durante el recorrido.
«Me encontré trabajando con las manos, haciendo collares, pulseras, tejidos con alambre e hilo. Eso nos abrió un montón de puertas.«
Pero aclara que la venta nunca fue el objetivo principal.
«La artesanía termina siendo una excusa para conocer gente. Muchas veces la conexión que se genera vale mucho más que la venta.«
El sueño de vivir un Mundial
Cuando llegaron a Estados Unidos sabían que asistir a un partido sería muy difícil.
«Ya desde el vamos pagar una entrada al Mundial era carísimo. Pensamos que, como mínimo, íbamos a vivir el ambiente desde el Fan Fest.«
Pero ocurrió algo imposible de planificar.
Mientras estaban junto a su combi en Dallas, una persona se acercó para conversar. Minutos después volvió con una propuesta inesperada.
«Nos dijeron: ‘Chicos, tenemos dos entradas para regalarles para el partido de mañana. Queremos que vengan con nosotros a disfrutarlo’.«
La emoción todavía se refleja en sus palabras.
«Ver por primera vez un partido en un estadio con 80.000 personas, escuchar la tribuna y sentir esa energía fue realmente mágico.«
Un viaje que sigue hacia Alaska
Después de la experiencia mundialista, Pamela y Juan retomaron la ruta.
Alaska continúa siendo el gran objetivo, aunque ahora saben que el camino siempre puede sorprender.
Su historia refleja una tendencia que crece entre viajeros de todo el mundo: transformar un vehículo en un hogar y recorrer el continente sin un itinerario rígido, privilegiando las experiencias por encima de los destinos.
Para quienes sueñan con cambiar de vida o simplemente viajar de otra manera, la aventura de Pamela y Juan demuestra que muchas veces las mejores historias aparecen cuando uno se anima a desviarse del camino previsto. En su caso, ese desvío los llevó hasta un estadio mundialista y les regaló un recuerdo que difícilmente olviden.
