Viena es una ciudad para recorrer sin apuro: palacios, museos, iglesias y grandes avenidas forman parte de un paisaje en el que la historia aparece prácticamente en cada esquina. Pero también existe otra manera de conocerla: sentarse en un café y disfrutar de una de las tradiciones más arraigadas de la cultura vienesa.
Entre todos ellos, el Café Sacher ocupa un lugar especial.

Ubicado junto al histórico Hotel Sacher, frente a la Ópera Estatal de Viena, el café abrió sus puertas en 1876, impulsado por Eduard Sacher, hijo de Franz Sacher, el pastelero responsable de crear una preparación que terminaría convirtiéndose en un símbolo de Austria.
Una torta que nació para la aristocracia
La historia comienza mucho antes, en 1832, cuando Franz Sacher creó un postre de chocolate para una recepción del príncipe Klemens von Metternich.

Así nació la Original Sacher-Torte, una torta de chocolate con una fina capa de mermelada de damasco y una cobertura de chocolate.
La receta original es uno de los secretos mejor guardados de la familia Sacher. Aunque existen innumerables versiones de la torta en pastelerías de todo el mundo, la preparación que se sirve en el Café Sacher mantiene su carácter exclusivo y se presenta como la Original Sacher-Torte.
Ese misterio forma parte también del atractivo: el viajero puede probar el postre, pero la fórmula exacta que dio origen a la leyenda continúa siendo un secreto.
Mucho más que una cafetería
El Café Sacher es también una experiencia arquitectónica y cultural. Sus interiores combinan maderas oscuras, terciopelo rojo, grandes espejos y lámparas, creando una atmósfera elegante que remite a la Viena del siglo XIX.

Durante décadas, el lugar recibió a personalidades de la cultura, las artes y la política y se convirtió en uno de los grandes símbolos de la tradición cafetera vienesa.
Además de la torta Sacher, la carta permite probar otras especialidades típicas, entre ellas el clásico Wiener Melange, uno de los cafés más tradicionales de Viena.
Un imperdible para cualquier itinerario
Amo Viajar tuvo la posibilidad de visitar el Café Sacher en abril y comprobar que la experiencia va mucho más allá de probar una porción de torta.
Para quienes estén armando un recorrido por Viena, es una parada que combina historia, arquitectura, tradición y gastronomía en un mismo lugar.

Sentarse allí, pedir un café y probar la Original Sacher-Torte es, en definitiva, una manera deliciosa de acercarse a una parte de la historia de la capital austríaca.
