A 180 kilómetros de Tokio, la isla de Miyakejima ofrece una experiencia turística única y extrema: vivir, aunque sea por unos días, al pie del Monte Oyama, uno de los volcanes más activos del mundo. En este rincón del archipiélago japonés, el uso de máscaras de gas no es un accesorio exótico, sino parte de la vida cotidiana de residentes y visitantes.
El volcán, cuya última gran erupción ocurrió en el año 2000, obligó a evacuar por completo a sus 3.600 habitantes. La actividad volcánica persistió durante cinco años, y aunque los residentes comenzaron a regresar en 2005, una tercera parte de la isla sigue deshabitada por la presencia constante de gases tóxicos. Aun así, Miyakejima ha logrado reinventarse y hoy atrae a viajeros que buscan experiencias fuera de lo común.
Conocida por su turismo volcánico, la isla combina aventura y naturaleza. Las máscaras de gas, disponibles en las tiendas locales, son obligatorias en ciertos momentos del año y forman parte del protocolo de seguridad. Sirenas y sistemas de alerta informan a la población sobre los niveles de gases en el aire. La escena de personas caminando con máscaras listas para usarse puede resultar inquietante, pero es también símbolo de resiliencia y adaptación.

Más allá del volcán, Miyakejima despliega paisajes sorprendentes. Los senderos atraviesan campos de lava y bosques verdes, como el famoso Sendero de Lava de Ako. Las playas de arena negra y las aguas termales naturales, como el balneario Furusato no Yu, invitan al descanso tras un día de exploración. El mar circundante, parte del Parque Nacional Fuji-Hakone-Izu, es ideal para el buceo y el snorkel gracias a su rica biodiversidad.
La isla también ofrece pesca, agricultura y una cultura local marcada por la convivencia con la amenaza volcánica. Llegar allí requiere algo de logística: hay ferris nocturnos desde el muelle de Takeshiba en Tokio (seis horas de viaje) y vuelos desde el aeropuerto de Chofu (unos 50 minutos), además de servicios de helicóptero.
Aunque la situación se ha estabilizado, las autoridades y organismos internacionales como la Royal Geographical Society insisten en la importancia de actuar con prudencia. El turismo crece, pero siempre bajo la premisa de que la naturaleza, tan hermosa como impredecible, sigue siendo la gran protagonista.
Miyakejima no es solo un destino turístico: es una lección viva de adaptación humana frente a condiciones extremas. Ideal para quienes buscan más que paisajes, y desean conocer una forma distinta de habitar el mundo.
Con información de Infobae
