Cada invierno, en distintos puntos del hemisferio norte, una de las propuestas viajeras más singulares y gélidas vuelve a cobrar vida: los hoteles de hielo. Desde el norte de Suecia y la Laponia finlandesa hasta Canadá y los Alpes suizos, estas construcciones efímeras, diseñadas para desaparecer con la llegada de la primavera, combinan ingeniería, arte y turismo de alta gama en escenarios extremos.
Lejos de ser simples habitaciones talladas en hielo, los hoteles más consolidados funcionan como verdaderos complejos temporales. Sus interiores se planifican durante meses y, en muchos casos, artistas de distintos países diseñan suites únicas que se renuevan cada temporada. El resultado es una experiencia irrepetible, donde cada año el hotel es distinto y nunca vuelve a replicarse.
El ICEHOTEL, en Jukkasjärvi, al norte de Suecia, es uno de los máximos exponentes. Su edición actual reúne suites artísticas inspiradas en conceptos individuales, desde bibliotecas heladas hasta esculturas que parecen flotar sobre las camas. Los huéspedes duermen sobre estructuras de hielo cubiertas con colchones aislantes y sacos térmicos, mientras que las áreas de baño y vestuario se encuentran en edificios climatizados cercanos. La temperatura interior ronda los -5 °C, pero el confort está cuidadosamente garantizado.

Otros destinos ofrecen variantes del mismo concepto. En Apukka Resort, cerca de Rovaniemi, en Finlandia, los iglús calefaccionados con techos de vidrio permiten observar la aurora boreal desde la cama. En Canadá, el Hôtel de Glace, a las afueras de Quebec, combina habitaciones talladas en hielo con jacuzzis exteriores, saunas y bares donde los cócteles se sirven en vasos de hielo esculpidos a mano. En los Alpes, Iglu-Dorf Zermatt se reconstruye cada invierno a más de 2.700 metros de altura, con iglús conectados por túneles de nieve y cenas alpinas compartidas.
La construcción de estos hoteles comienza cuando las temperaturas se mantienen bajo cero y utiliza cientos de toneladas de hielo recolectado de ríos cercanos, además de una mezcla compacta de nieve y hielo para muros y techos. Equipos de artistas, ingenieros y constructores trabajan contrarreloj durante varias semanas para dar forma al proyecto.
Cuando llega la primavera, todo se derrite de manera natural y regresa al entorno del que provino. Esa fugacidad, sumada al nivel de servicio y a la exclusividad, explica tarifas que suelen partir de los 400 euros por noche y convierten a los hoteles de hielo en una de las experiencias más memorables del turismo invernal.
Con información de Euronews
