Lejos de la imagen sombría de los zoológicos, varias instituciones alrededor del mundo han reformulado su propósito para enfocarse en la conservación, la investigación científica y el bienestar animal. Con programas internacionales para proteger especies en peligro, espacios diseñados para reproducir hábitats naturales y certificaciones, estos parques buscan demostrar que es posible acercar al público a la fauna sin dejar de priorizar su protección.
Uno de los ejemplos más destacados es Zoo Leipzig, en Alemania, considerado entre los más avanzados del planeta. El complejo apuesta por recrear ambientes naturales con gran nivel de detalle. Su espacio Gondwanaland alberga selva tropical, cientos de especies vegetales y animales, además de participar en programas internacionales de reproducción para especies amenazadas, como el oryx cimitarra y el gato montés europeo.
En Francia, Bioparc de Doué-la-Fontaine destaca por un enfoque centrado en el bienestar animal antes que en la exhibición. Construido dentro de una antigua cantera de piedra caliza, se presenta como el único “zoológico troglodita” del mundo. Sus más de 2.000 animales pertenecientes a 130 especies forman parte de programas europeos para mantener la diversidad genética de especies amenazadas. Además, el parque financia iniciativas de conservación en Nepal e Indonesia, dirigidas a proteger pandas rojos y tigres de Sumatra.

En Estados Unidos, Smithsonian’s National Zoo mantiene desde 1889 una fuerte orientación educativa y científica. El recinto, integrado al complejo Smithsonian, ofrece entrada gratuita y combina exhibiciones con investigaciones sobre nutrición, enfermedades emergentes y reproducción animal. También utiliza estrategias de enriquecimiento ambiental, como variaciones de sonidos, aromas y vegetación, para estimular comportamientos naturales entre sus habitantes.
Asia también cuenta con referentes en esta transformación. Singapore Zoo, parte de la reserva Mandai Wildlife Reserve, alberga más de 4.000 animales y participa en decenas de programas de reproducción de especies amenazadas, entre ellas orangutanes y lémures. El parque además mantiene “colonias de aseguramiento” para especies gravemente amenazadas, como la tortuga techada birmana.
En el Reino Unido, Shaldon Zoo demuestra que el tamaño no determina el impacto. Considerado el miembro más pequeño de la comunidad EAZA, se especializa en especies poco conocidas y en peligro, como la civeta de Owston o el binturong. Ninguno de sus animales fue extraído de la naturaleza, ya que todos nacieron en cautiverio o llegaron desde otros programas de conservación.

Finalmente, Bern Animal Park, en Suiza, apuesta por grandes espacios donde los animales puedan alejarse de la vista del público cuando lo deseen. Su bosque Dählhölzli sirve de entorno para una amplia reserva de bisontes europeos, especie que desapareció en estado salvaje en 1919 y cuya supervivencia depende de programas colaborativos de reproducción y reintroducción.
Estos zoológicos comparten un mismo principio: convertir la experiencia de observación animal en una herramienta de educación y preservación. Con certificaciones internacionales, investigaciones científicas y proyectos de conservación global, buscan demostrar que el turismo vinculado a la fauna puede evolucionar hacia modelos más responsables y sostenibles.
Con información de National Geographic
