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Cómo es la experiencia de alojarse en un barco que sobrevivió a la Segunda Guerra Mundial

Fue carguero agrícola, luego apoyo en la Segunda Guerra Mundial, más tarde crucero.

En la isla tropical de Bintan, frente a las costas de Indonesia, descansa un barco que parece haber salido de otra época. Es el Doulos Phos The Ship Hotel, un gigante de acero que nació en 1914 como SS Medina y que, tras más de un siglo en el mar, ofrece hoy a los viajeros una experiencia donde la historia se mezcla con el lujo. Su silueta, anclada en tierra firme, conserva el encanto de los grandes vapores del pasado y promete una estadía distinta a cualquier otro hotel de la región.

El buque tiene un pasado digno de novela. Primero fue carguero agrícola, luego apoyo en la Segunda Guerra Mundial, más tarde crucero y, finalmente, barco misionero y biblioteca flotante. Recorrió más de cien países y sobrevivió incluso a un atentado con granadas en 1991, cuando separatistas musulmanes atacaron la nave en Filipinas. A pesar de tantas pruebas, la “gran dama de los mares” evitó el desguace gracias al empeño del empresario singapurense Eric Saw, quien la rescató en 2010 e invirtió quince años y millones de dólares para darle nueva vida.

Convertirlo en hotel no fue sencillo. El navío, de 6.800 toneladas, tuvo que ser arrastrado durante siete semanas hasta una península artificial en forma de ancla construida especialmente para él. Allí comenzó una restauración que respetó cada detalle: remaches reutilizados en los muebles, seis botes salvavidas originales y la sala de máquinas intacta, hoy abierta a los visitantes.

Al ingresar, el viajero siente que sube a bordo más que a un hotel. Los pasillos angostos, los ojos de buey y las pesadas puertas metálicas lo transportan a la vida marinera. Aquí no hay pisos, sino “cubiertas”; no hay personal, sino “tripulación”. Con más de 100 camarotes y tarifas entre 105 y 235 dólares por noche, el Doulos Phos ofrece la posibilidad de dormir en el barco de pasajeros más antiguo del mundo.

Para Saw, sin embargo, la recompensa no es económica. Se considera mayordomo antes que dueño y destina las ganancias a causas benéficas. Su convicción es clara: el verdadero tesoro no está en el acero del buque, sino en lo que representa para quienes lo visitan. Y quizá por eso, hospedarse en el Doulos Phos no es solo pasar la noche en un hotel: es vivir la emoción de embarcarse en la historia.

Con información de Infobae


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