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Camino de Santiago: un viaje que cambia la vida

Cada peregrino tiene su razón para caminar: fe, espiritualidad, promesas, amor, amistad, o simplemente por turismo o moda.

Foto: Lonely Planet

Al principio, asaltan las dudas: ¿Caminar 114 kilómetros en seis días? ¿Serán mis piernas capaces? ¿Es cierto que el recorrido posee una magia inexplicable?

Tras caminar por vastos bosques de castaños, campos de hortensias, arroyos, puentes medievales, y aldeas detenidas en el tiempo, llegás a Santiago de Compostela sintiendo una inmensa satisfacción. No importa la edad ni cómo llegás, solo la alegría de haberlo logrado.

Cada peregrino tiene su razón para caminar: fe, espiritualidad, promesas, amor, amistad, o simplemente por turismo o moda. Cualquiera sea la motivación, cerca de 500.000 personas llegan a Santiago cada año, la tercera meta de peregrinación cristiana más importante después del Vaticano y Jerusalén.

Foto: EFE

Hay varios puntos desde donde se puede partir, uno de ellos es Sarria, un pequeño pueblo gallego envuelto en neblina. Ana, una mujer de 70 años que, con bastón en mano, acompaña a su marido peregrino cada mañana fue desde México con el sueño de recorrer los últimos 100 kilómetros del Camino: “Él camina, yo voy en autobús. A la noche, me cuenta todo y yo veo a través de sus ojos”.

Es imposible perderse en el Camino. Solo hay que seguir las flechas amarillas que irán apareciendo a lo largo de la ruta, los mojones o el dibujo de las vieiras -símbolo del peregrino- que indican la dirección y los kilómetros que faltan para llegar a la ciudad del apóstol.

El Camino de Santiago se originó en el siglo IX, tras el descubrimiento de los restos del Apóstol Santiago. Desde entonces, peregrinos de toda Europa se han lanzado a este viaje, incluso hasta las costas de Finisterre, entonces considerado “el fin de la Tierra”. Hoy en día, existen diez rutas de peregrinación, todas conduciendo a Santiago de Compostela, Patrimonio de la Humanidad desde 1985.

Como Ana y su marido, muchos optamos por el Camino Francés. Desde Sarria, el sendero de tierra y piedra nos lleva a través de paisajes impresionantes: pinos, abetos y castaños nos escoltan en nuestra travesía. Ana se despide de su marido en el puente medieval de Ponte Aspera, prometiendo reencontrarse en Portomarín, 22 kilómetros más adelante.

En el camino, cada día es una nueva aventura. Desde Portomarín, con su iglesia medieval, hasta Melide, famosa por su pulpo a feira, cada paso revela nuevas sorpresas y desafíos.

Cada noche, se sella los pasaportes de peregrino, un ritual que acerca al viajero más a la Compostela, la certificación oficial de la peregrinación. Historias de compañeros de camino como los canarios Servando y Sergio, la austríaca Gabrielle, y un grupo de amigos escoceses enriquecen la experiencia, mostrando que el Camino es tanto un viaje personal como una aventura colectiva.

Foto: Camino con correos

Finalmente, después de días de caminata, se llega a Santiago. La catedral, imponente y majestuosa, recibe al visitante con los brazos abiertos. Aunque el viaje llega a su fin, la experiencia del Camino permanece para siempre. Ana, emocionada, celebra la Compostela de su marido como si fuera su propia victoria.

Con información de Clarín

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