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El turismo que gana terreno: por qué cada vez más viajeros eligen el slow travel

Uno de sus principales aportes es el beneficio directo a las comunidades anfitrionas.

El “slow travel” está transformando la forma en que se viaja al priorizar la calidad de la experiencia sobre la cantidad de destinos. Frente a los itinerarios apretados del turismo convencional, esta tendencia propone estancias más largas en un solo lugar para favorecer la inmersión en la cultura local y reducir el impacto ambiental. Quienes lo practican exploran a fondo ciudades, pueblos o regiones, dedicando días o semanas a descubrir costumbres, gastronomía y vida cotidiana.

Uno de sus principales aportes es el beneficio directo a las comunidades anfitrionas. Al permanecer más tiempo, los viajeros consumen productos y servicios locales, fortaleciendo pequeños comercios, mercados y emprendimientos familiares. Además, la interacción prolongada favorece un intercambio cultural más genuino y ayuda a diversificar los ingresos turísticos, evitando la concentración en puntos emblemáticos y fomentando el desarrollo de zonas menos conocidas. Esta modalidad combate la estacionalidad y genera empleo estable en sectores como la hostelería, la artesanía y la agricultura.

Desde la perspectiva medioambiental, el slow travel contribuye a reducir la huella de carbono del turismo al disminuir desplazamientos y promover el uso de medios sostenibles como la bicicleta o el transporte público. Se alinea así con los objetivos de desarrollo responsable al fomentar el respeto por el patrimonio y los recursos naturales.

Foto: Autopista

El auge de esta filosofía responde a varios factores: la saturación de destinos masificados y el cambio de prioridades tras la pandemia de COVID-19, que llevó a muchos a valorar seguridad, tranquilidad y menor contacto con multitudes. También responde a una necesidad personal de bienestar: desconectar del estrés, reconectar consigo mismos y vivir la espontaneidad, sin horarios estrictos ni listas interminables de atracciones.

El perfil del viajero slow es diverso, pero comparte valores como autenticidad, aprendizaje y respeto por el entorno. Prefiere alojamientos familiares, restaurantes tradicionales y actividades participativas. En torno a esta tendencia han surgido nuevas propuestas: rutas temáticas, talleres artesanales, experiencias gastronómicas y actividades cotidianas con la comunidad. Así, el slow travel se consolida como una alternativa que beneficia tanto a turistas como a anfitriones, preserva la identidad de los destinos y permite disfrutar de viajes más ricos, pausados y sostenibles.

Con información de Infobae

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