La costa atlántica bonaerense volvió a coronarse como la gran protagonista del verano argentino. Mar del Plata y Pinamar lideraron el ranking de destinos más elegidos del país, con una temporada que fue ganando ritmo semana a semana y alcanzó su punto más alto durante el feriado de Carnaval, cuando la ocupación hotelera en Mar del Plata superó el 80% —con algunos establecimientos llegando al 90%—. Villa Gesell, Cariló, Necochea y Monte Hermoso también sostuvieron buenos niveles de ocupación, especialmente en fines de semana y fechas clave, aunque el turista mostró un perfil más cauteloso que en temporadas anteriores, priorizando opciones accesibles y ajustando su gasto.
Buenos Aires fue el segundo gran polo del verano. La capital combinó cultura, gastronomía y grandes eventos para atraer a visitantes nacionales e internacionales durante todo enero y febrero. El fin de semana de Carnaval dejó una ocupación hotelera del 83%, el mejor registro para esa fecha en los últimos cinco años, con más de 119.000 visitantes y un impacto económico superior a los 40.000 millones de pesos. La agenda fue determinante: Bad Bunny llenó tres noches el Estadio Más Monumental, el festival Ultra Buenos Aires convocó a miles en el Parque de la Ciudad, y el Argentina Open reunió figuras del tenis mundial en el Buenos Aires Lawn Tennis Club.
En el tercer lugar del podio se ubicó Catamarca, que consolidó su crecimiento dentro del mapa turístico nacional. En enero, la provincia registró 98.733 visitantes con una ocupación promedio del 65% y un impacto económico estimado en 18.510 millones de pesos. Algunos destinos del interior catamarqueño alcanzaron cifras extraordinarias: El Rodeo llegó al 100% de ocupación, Aconquija al 99% y Las Juntas al 98%, impulsados por festivales populares y la oferta de naturaleza de montaña.
Tandil y Tigre completaron el quinteto de destinos más destacados. La ciudad serrana bonaerense consolidó su perfil gastronómico y cultural, mientras que Tigre ofreció escapadas náuticas y recreativas en el Delta que resultaron ideales para el turismo de cercanía desde el Gran Buenos Aires. Ambos destinos formaron parte de una tendencia más amplia: la del viajero que decide con poca antelación, prioriza una experiencia concreta y ajusta la duración de su estadía según el presupuesto disponible.
El balance general de la temporada arrojó números positivos. Según datos de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), el verano 2026 cerró con 30,7 millones de turistas recorriendo el país —un 9,5% más que en 2025— y un impacto económico cercano a los 11 billones de pesos, con un crecimiento real del 4,5% en el gasto total. La estadía media se ubicó en 3,65 noches, confirmando una tendencia estructural: ante ingresos más ajustados, el turista argentino no deja de viajar, sino que viaja más corto. Eventos, cultura y deporte fueron, una vez más, el motor más potente de la demanda.
