Mendoza, reconocida internacionalmente por sus vinos y paisajes de montaña, comienza a consolidarse también como un destino atractivo para el turismo ufológico. Los cielos despejados y las condiciones atmosféricas de la provincia permiten observar con gran claridad el firmamento durante gran parte del año, lo que atrae a viajeros interesados en fenómenos celestes y en la búsqueda de objetos voladores no identificados.
Esta tendencia combina la aventura en entornos naturales con la observación nocturna del cielo, en una experiencia que mezcla curiosidad científica, misterio y turismo alternativo.
El interés por la ufología tiene antecedentes que se remontan a mediados del siglo XX, especialmente tras el episodio ocurrido en 1947 cerca de Roswell, en Estados Unidos. En aquel momento, la Fuerza Aérea informó sobre la caída de una supuesta nave extraterrestre, aunque luego afirmó que se trataba de un globo meteorológico.
Ese hecho alimentó teorías durante décadas y convirtió a Roswell en un punto de referencia mundial para los entusiastas de la vida extraterrestre. Con el tiempo, el fenómeno generó museos, centros de investigación y festivales temáticos, demostrando que la ufología también puede convertirse en un atractivo turístico.

Siguiendo esa lógica, Mendoza aparece como un escenario natural ideal para este tipo de experiencias. Muchos visitantes llegan equipados con tecnología para monitorear el cielo, como cámaras de alta sensibilidad, punteros láser o aplicaciones que permiten identificar satélites y otros objetos conocidos.
La actividad también tiene un componente espiritual para algunos viajeros, que consideran determinados lugares como puntos de energía especial o portales vinculados con fenómenos inexplicables.
Entre los sitios más mencionados por los aficionados en Mendoza se encuentra la Piedra de Isidris, ubicada en la base del Cerro Arco, en El Challao, señalada como un supuesto centro energético donde se reportan destellos de luz en el cielo. Otro punto destacado es el Cerro Tunduqueral, en Uspallata, conocido por sus petroglifos milenarios que algunos interpretan como representaciones de visitantes estelares. En el sur provincial, el Paso Pehuenche, en Malargüe, ofrece condiciones de oscuridad ideales para la observación nocturna.

El recorrido suele completarse en el Planetario de Malargüe, donde especialistas brindan charlas y explicaciones sobre astronomía. De esta manera, Mendoza suma una nueva propuesta turística que invita a mirar el cielo andino en busca de fenómenos aún sin explicación.
Con información de Sitio Andino
