El fenómeno del varamiento intencional de orcas en Península Valdés convierte a esta área protegida de Chubut en un escenario único a nivel mundial. Este comportamiento, que consiste en encallar parcialmente en la playa para capturar presas, puede observarse principalmente en dos momentos del año: entre marzo y abril en Punta Norte, cuando las orcas cazan crías de lobos marinos, y entre octubre y noviembre en Caleta Valdés, durante la temporada de crías de elefantes marinos.
Punta Norte, ubicada a unos 180 kilómetros de Puerto Madryn, se transforma en el epicentro de la observación durante el otoño. Allí, visitantes y especialistas se congregan en pasarelas y miradores para presenciar este espectáculo natural, que requiere condiciones muy específicas. “Para que las orcas realicen el varamiento y tengan éxito en la caza de la cría de lobos marinos, necesitan la marea alta, que la playa sea de canto rodado y que haya suficiente agua profunda para camuflarse”, explica Héctor Casin, integrante del Ministerio de Turismo de Chubut.
El fenómeno no solo atrae turistas, sino también científicos que estudian el comportamiento de estas poblaciones. En la región habitan dos familias matriarcales que comparten esta técnica de caza, transmitida de generación en generación como parte de su cultura. “En la península habitan dos familias matriarcales, probablemente emparentadas. Las orcas residentes comparten la cultura del varamiento intencional”, señala María Leoni Gaffet, investigadora del proyecto Orca Research.
El llamado “canal de ataque”, una franja costera de unos 70 metros entre restingas, es el punto clave donde ocurre la caza. Allí, las orcas esperan el momento exacto de la marea y el movimiento de las crías para lanzarse a gran velocidad. Este espacio está restringido a documentalistas con autorización, para preservar el entorno y minimizar el impacto humano.
Más allá de lo visual, el fenómeno también despierta interés por su complejidad social y biológica. Las orcas son altamente inteligentes, con formas de comunicación, estrategias de caza y estructuras familiares comparables a las humanas. “Amo a las orcas, ellas son mi vida, son espectaculares. Una de las cosas más increíbles es que son muy similares al ser humano, son familiares, sociales y, lo más lindo, hay mucho más por descubrir”, expresa la investigadora Ingrid Visser.
Con información de La Nación
