Recorrer la Carretera Austral es adentrarse en uno de los viajes más impactantes de Sudamérica. La Ruta 7, que une Puerto Montt con Villa O’Higgins a lo largo de 1.240 km, atraviesa fiordos, bosques milenarios, ríos de deshielo y montañas patagónicas que parecen no terminar nunca. Aunque parte del trazado está pavimentado, su esencia sigue siendo salvaje: una carretera que se abre paso entre rocas, glaciares y laderas escarpadas, y que obliga a los viajeros a tomarse el tiempo con calma.
El viaje comienza entre niebla y mar, a bordo del ferry de Hornopirén, hasta llegar a Caleta Gonzalo, donde empieza realmente esta ruta legendaria. Desde allí, la carretera avanza entre tramos de asfalto y largos sectores de ripio que exigen pericia y paciencia. No es casual que los lugareños recomienden vehículos robustos: las curvas estrechas, la grava suelta y los pasos de montaña hacen que cada kilómetro cuente.

Uno de los hitos del recorrido es Bahía Murta, a orillas del lago General Carrera. Desde este punto se accede a las famosas Cuevas de Mármol, un conjunto de formaciones rocosas que el retroceso de los glaciares ha ido revelando en las últimas décadas. Allí, Valeria Leiva recuerda la historia de su familia en la zona y resume el cambio que trajo el clima: “Todo cambió cuando el nivel del lago empezó a bajar”. También comparte el origen del asentamiento: “Mi abuelo, don Cirilo Herrera Aguilera, llegó aquí en 1948 con tan solo 8 años”. Hoy, las cuevas brillan como santuarios naturales: aguas turquesas, paredes onduladas y misteriosos patrones minerales que dan forma a un paisaje casi irreal.
De vuelta en la ruta, la Patagonia revela su cultura más íntima. Es común cruzarse con gauchos arreando ganado; la autora recuerda detener el vehículo para observarlos avanzar entre polvo y cascos, un retrato vivo de la vida rural austral. Más al sur, la carretera se convierte en un estrecho sendero tallado en roca viva, camino a Villa O’Higgins, un poblado remoto donde la Ruta 7 literalmente se acaba.

En este confín del mundo, el Campo de Hielo Patagónico Sur domina el horizonte y recuerda la inmensidad de la naturaleza. Aquí, una camioneta que anuncia “Arándanos, cerezas” por altavoz puede transformar una mañana fría en un momento inolvidable.
Llegar al final de la Carretera Austral es una experiencia agridulce. Más que un trayecto, es un viaje que obliga a soltar el ritmo moderno, a aceptar que el clima manda y a descubrir que, en el extremo sur de Chile, el verdadero destino es el propio camino.
Con información de BBC
