Durante años, muchos viajeros asumieron que la mejor forma de conocer un destino consistía en visitar la mayor cantidad posible de atracciones en el menor tiempo. Sin embargo, nuevas investigaciones sobre memoria y comportamiento humano plantean una visión diferente: recorrer una ciudad con calma, especialmente a pie, puede ser la clave para construir recuerdos más duraderos y significativos.
La tendencia del llamado walking travel o turismo a pie gana cada vez más adeptos en todo el mundo. Este enfoque propone dejar de lado las prisas para sumergirse en el ritmo cotidiano de cada lugar. Un ejemplo reciente es Tokio, reconocida como la ciudad más caminable de Asia gracias a sus barrios compactos, su eficiente sistema de transporte público y una infraestructura pensada para quienes disfrutan recorrer las calles caminando.

Pero el atractivo de estas ciudades va mucho más allá de la comodidad. Según especialistas, existe una explicación científica detrás de la huella que dejan en la memoria. Cuando una persona se desplaza en automóvil o en otro medio rápido, el cerebro selecciona solo una parte de los estímulos disponibles, ya que debe concentrarse en procesar información a mayor velocidad.
Al caminar ocurre lo contrario. El viajero tiene más tiempo para observar detalles que normalmente pasarían desapercibidos: la arquitectura de una fachada, los aromas que salen de una cafetería, el sonido de una plaza o las conversaciones que se escuchan en una calle concurrida. Esta acumulación de estímulos genera lo que los psicólogos ambientales denominan una “experiencia inmersiva”, capaz de fortalecer la conexión emocional con el lugar visitado.
Otro factor que influye en la memoria es el descubrimiento espontáneo. Las ciudades recorridas a pie favorecen encuentros inesperados, como encontrar una librería escondida, un mercado tradicional o un restaurante frecuentado por los habitantes locales. Estos hallazgos generan satisfacción porque rompen con la planificación previa y añaden un componente de sorpresa a la experiencia.
En definitiva, caminar no solo permite conocer mejor una ciudad, sino también vivirla de una manera más auténtica. La ciencia sugiere que los recuerdos más valiosos de un viaje suelen surgir precisamente de esos momentos no planificados que aparecen cuando el recorrido se hace paso a paso.
Con información de Revista Travesías
