Las Salineras de Maras son uno de los paisajes más sorprendentes y enigmáticos de Perú. Situadas en la región de Cusco, a unos 50 kilómetros de la capital histórica del país, este complejo de terrazas salineras se despliega sobre la ladera del cerro Qaqa Wiñay, en pleno Valle Sagrado de los Incas. A 3.200 metros sobre el nivel del mar, el sitio atrae cada año a miles de viajeros que buscan descubrir una de las postales más singulares de los Andes.
El conjunto está formado por aproximadamente 4.500 pozas de sal distribuidas en forma escalonada. Cada una funciona como un pequeño depósito donde se acumula agua salada proveniente de un manantial natural. Gracias a la acción del sol y el viento, el agua se evapora y deja la sal lista para ser recolectada, una actividad que continúa realizándose de manera artesanal desde tiempos prehispánicos.

Lo que hace únicas a las Salineras de Maras no es solo su antigüedad, sino también su diseño. Aprovechando la pendiente natural de la montaña, el agua circula por gravedad a través de canales que alimentan cada poza. El resultado es un enorme mosaico de tonos blancos, cremas y marrones que cambia de aspecto según la época del año y la intensidad de la luz, ofreciendo un espectáculo visual que parece sacado de otro mundo.
Aunque suelen asociarse con la civilización inca, diversos estudios indican que las salineras son incluso más antiguas. Se cree que fueron construidas por la cultura Wari, varios siglos antes del surgimiento del Imperio Inca. Posteriormente, los incas perfeccionaron y organizaron el sistema de explotación salinera que ha permanecido activo hasta la actualidad.
El lugar también está rodeado de historias legendarias. Una de las más conocidas cuenta que las aguas saladas nacieron de las lágrimas de Ayar Cachi, hermano de Manco Cápac, quien habría sido encerrado por sus propios familiares debido a su extraordinaria fuerza. Según la tradición, su llanto dio origen a los manantiales que hoy alimentan las terrazas.
Para visitarlas, la mayoría de los viajeros parte desde Cusco, aunque también es posible acceder desde Urubamba u Ollantaytambo. Más allá de su valor histórico y productivo, las Salineras de Maras representan una combinación única de naturaleza, cultura y misterio que las convierte en una parada imprescindible en cualquier recorrido por el Valle Sagrado.
Con información de TN
