El Museo de Nintendo, que se inaugura el 2 de octubre en Kioto, Japón, ha generado grandes expectativas entre los fanáticos de la marca. A primera vista, uno podría imaginar un lugar lleno de colores vibrantes y música alegre, dirigido principalmente a niños. Sin embargo, está enfocado en un viaje nostálgico para los adultos que crecieron con los productos de Nintendo.
Al llegar al museo, los visitantes se encuentran con símbolos clásicos de Nintendo, como tubos de transporte y un hongo de poder, acompañados por una imagen en 8 bits de Super Mario. No obstante, el edificio en sí, aparte de estos detalles, parece una estructura de oficinas más. Y es que este museo fue originalmente una fábrica de cartas hanafuda y consolas Famicom (conocida como Nintendo Entertainment System fuera de Japón), antes de ser reconvertido en un centro de atención al cliente.
La entrada al museo cuesta ¥3,300 (alrededor de 22 dólares), y la experiencia principal se encuentra en el segundo piso, donde se exhiben todas las consolas de Nintendo, desde la Famicom de 1983 hasta la Switch de 2017. Los dispositivos están acompañados de sus respectivos embalajes originales, accesorios y algunos juegos clave. Para los fanáticos de la tecnología retro, estos recuerdos ofrecen un viaje al pasado, con productos como la Game Boy Printer y el Power Pad.

Uno de los puntos fuertes de Nintendo siempre ha sido su innovación, algo que el museo resalta con varias exhibiciones dedicadas a los «primeros mundiales» de la empresa, como el uso de controles de voz en el NES y los primeros pasos en los juegos en red.
Los visitantes interesados en la historia anterior a los videojuegos también encontrarán una sección dedicada a los productos más antiguos de Nintendo, como sus cartas hanafuda y juguetes analógicos. Es un recorrido que evoca memorias para quienes conocían a Nintendo antes de su auge en la industria de los videojuegos.
A pesar de lo bien presentadas que están las exhibiciones, hay pocas explicaciones o detalles adicionales. Esto, según un cartel en la entrada, tiene el propósito de permitir que los visitantes hagan sus propias conexiones con los objetos expuestos. Sin embargo, esta decisión parece una oportunidad perdida para destacar a las personas detrás de las creaciones más famosas de Nintendo, como Shigeru Miyamoto, creador de Mario, o el expresidente Satoru Iwata. Aunque hay algunos prototipos que dan una idea del proceso creativo, casi no se mencionan las historias detrás de personajes emblemáticos como Mario o Link.

En la planta baja, la experiencia se vuelve más interactiva. Los visitantes pueden jugar en consolas clásicas como la Nintendo 64, Super Nintendo y NES. Usando tarjetas cargadas con monedas virtuales, se pueden jugar títulos clásicos, aunque el tiempo está limitado a unos pocos minutos por cada partida.
Otra atracción interesante es una sala equipada con controladores gigantes, donde los visitantes deben trabajar en equipo para jugar. Por ejemplo, en el SNES, una persona maneja el control direccional, mientras que la otra se encarga de los botones, lo que convierte a juegos clásicos como Super Mario World en un desafío colaborativo.
El museo también incluye una tienda de recuerdos, aunque su oferta es algo decepcionante. Aunque hay algunos productos exclusivos, la mayoría de los artículos son básicos, como tazas y camisetas. Por último, para aquellos que quieran comer algo, el museo ofrece el Hatena Burger.
Fuente: Japan Times
